29.10.13

La venganza del Inconsciente

Because I know what is like to be afraid of your own mind, 
too scared to live, 
but too frighten to die.




Un minuto..., dos... tres horas, días, una semana... pisando dos. Cinco. Siete meses, preguntándome cómo llegué hasta, y por qué sigo en este lugar.

Sé que no tuve precaución, que fui caminando sin medida, pero lo único que he buscado todo este tiempo ha sido una salida.

Días, meses, miedos que me acompañan y se transforman en memorias, tu rostro, el alma de una cicatriz que bordea tus ojos decepcionados, anonadados, enfurecidos. La comisura de tus labios, fantasma del ligero beso. Amor. Olvido.

Una vez más me encuentro en un hoyo oscuro, vacío y absorbente. 

No apagué la luz de la cocina.

Nunca quise que esto pasara, espero no dar pie a la mala interpretación de mis ideales, de mis argumentos, porque mis intenciones, aún cuando inocentes, no son pendejas, ni yo soy muda. Me parece abominable la idea de desechar mis convicciones por laissez-faire, don't ask, don't tell.

Me perdí de nuevo, esta vez dejé la tele encendida, camino y camino, y aún me siento perdida.

Poco a poco me he dado cuenta que sin ti he sobrevivido todo este tiempo, porque sin ti ya era, y sin ti sigo siendo.

23.10.13

¿cuánto hay pa' eso?

Ya estamos pisando noviembre, y todavía tenemos la gran incertidumbre si habremos perdido casi un año de ojeras por los exámenes, cansancio de estudiar para nosecuantas materias, el irrespeto de pararte en la madrugada y venirte tempranito a la Universidad y encontrar los portones cerrados, los salones clausurados, los baños sucios, las paredes rayadas con graffittis partidistas.

Cansada de que vivamos en una realidad que intente ser tapada con un dedo, una bandera, o del ahora popular "yo soy venezolano", reconozco que mi realidad es parte de un afortunado 20-30%, y se limita exclusivamente a las vivencias de una joven de clase media, pero yo también soy Venezuela, aunque mi realidad me diferencie del resto de la población, yo también soy hija de Bolívar, de la IV República, del petróleo y del Miss Universo, e igual estoy agotada de tantas excusas e irresponsabilidades de quienes deben velar por un mejor país pero se esconden bajo un color o una consigna y voltean la cara a la acera del frente sin saber en dónde estamos parados. Pareciese que tenemos rato largo caminando y caminando, hablando tonterías y nos rehusamos a detenernos para darnos cuenta de hasta donde hemos llegado.

No me estoy refugiando en una excusa de -me iría demasiado porque mami y papi y yaddayaddayada, y en EEUU las universidades yaddayaddayadda…-, solo hago una crítica al sistema actual, donde sin importar que la consigna sea Patria Socialista Para Todos, o Que Nada Te Detenga, el sistema de universidades venezolano es una nostalgia y una depresión sin fin.

Intentamos resguardarnos bajo un eufórico orgullo, con un pecho inflado cuando hablamos de lo nuestro, de nuestra Universidad, de nuestro país, de nuestras calles, pero la verdad es que llegamos tarde a clases, rayamos las paredes, rompemos los pupitres, nos copiamos en los exámenes. Y si sale alguien comparando el sistema actual con cualquiera internacional, somos apátridas, somos poco venezolanos, somos un insulto a la bandera y a los huesos de Bolívar.

No es justo que un ministro me llame apátrida cuando precisamente ese ministro marea a nuestros profesores, obreros y personal administrativo con un sueldo miserable y paupérrimo, que no alcanza para alimentar una familia de tres, que al dólar negro resulta en 200 dólares al mes si eres profesor titular con post grado incluido. Es denigrante que el gobierno prefiera el cierre de las universidades, o la imposición de un programa de estudios, cuando tu alma mater supone la casa de discusiones y conversaciones para alcanzar un mejor grado de entendimiento del mundo. Y peor aún es ver como el centro de estudiantes, que tiene toda la vida mandando, y de supuesta oposición al gobierno sólo pregunta ¿cuánto hay pa' eso?